¡Qué onda, viajeros!
Si andan por Yucatán, la visita a Chichén Itzá es una parada obligatoria, pero les cuento cómo fue mi experiencia, que estuvo llena de sol, historia y unos cuantos tacos.
El Punto de Partida: Desde Valladolid
Decidí usar Valladolid como mi base de salida. Es un pueblo mágico súper bonito, tranquilo, y está relativamente cerca de la zona arqueológica. Para ser sincero, salir de ahí temprano fue la mejor idea. Agarré un colectivo justo antes de las 9:00 AM, y en menos de una hora ya estaba en la entrada de Chichén.
Apenas llegas, te encuentras con un montón de actividad. Antes de pasar, hay una cantidad impresionante de puestos de artesanías. Hay de todo: máscaras de madera, figuritas de barro, textiles… A mí me encanta ver todo el trabajo, pero decidí que mi compra la haría a la salida, para no cargar peso bajo el sol. Consejo: si quieren negociar un poquito, ¡este es el lugar!
El Impacto de Kukulcán

Una vez dentro, no hay duda de cuál es la estrella: la Pirámide de Kukulcán (o El Castillo). Es imponente y se ve perfecta. Es difícil describir la sensación de estar ahí, bajo ese cielo inmenso, viendo esa perfección geométrica. Obviamente, el selfie de rigor es inevitable. Me quedé un buen rato admirando los detalles y tratando de escuchar el famoso eco del quetzal al aplaudir (¡funciona, es increíble!).
El Recorrido: De Guerreros a Cenotes

Mi ruta me llevó a la Plataforma de Venus (la de las venusianas, muy interesante), y luego al sector de los guerreros. La Pirámide de los Guerreros y el Templo de las Mil Columnas es una vista diferente, con ese toque de arquitectura tolteca. Ahí, mientras caminaba, me encontré con una pequeña pelota representación del Juego de Pelota Maya. La pelota era pesada, de caucho, ¡y me di cuenta de lo difícil que debió ser jugar usando solo la cadera y el codo!
Después de toda esa caminata bajo el sol, el ambiente se pone más serio al llegar al Cenote Sagrado. Es un pozo enorme, oscuro y profundo. Es un lugar que te recuerda que Chichén Itzá no era solo un centro político, sino un lugar de culto y sacrificio. Hay un silencio pesado alrededor que te hace reflexionar.
El Gran Final: El Campo de Pelota

Para mí, el punto más fascinante después de Kukulcán fue el Gran Juego de Pelota. ¡Es gigantesco! La cancha es enorme, con esos aros altísimos. No puedo imaginar la energía de la gente viendo un partido ahí. El guía que se acercó nos contó algunos detalles sobre las reglas y la importancia ritual del juego. Ver la magnitud del lugar te hace sentir pequeño y te da una idea de lo avanzada que era esta civilización.
Al final del recorrido, con la cabeza llena de historias mayas y el cuerpo agotado por la caminata, salí directo por mi agua fresca y ¡a buscar mis recuerdos! Chichén Itzá es una experiencia completa que mezcla historia, esfuerzo físico y una energía que te llevas puesta.
Y tú, ¿cuál de las pirámides te impresionó más? ¡Déjame tu comentario!




Un viaje inolvidable